AGITADORAS

PORTADA

AGITANDO

CONTACTO

NOSOTROS

     

ISSN 1989-4163

NUMERO 72 - ABRIL 2016

Dibújame a la Primavera

Óscar Esteban

 

     

La Primavera Árabe sopló sobre los cielos y cabezas de miles de kilómetros de forma sin igual por el Norte de África y Medio Oriente debido al desempleo desorbitado, la corrupción y la represión dictatorial de algunos mandatarios políticos. En Siria, un grafiti  con tintes políticos llevó a prisión a varios niños, que acabó con decenas de personas muriendo en las calles tras las manifestaciones creadas por estas detenciones. La espiral de violencia y represión han ido creciendo hasta tomar el país. La religión y el conflicto étnico entre el gobierno alauí y la población sunita ahonda en una herida antigua y en las trincheras creadas por los dólares y las estrategias geopolíticas. Rusia y China apoyan a Siria y a su Gobierno vetando algunas resoluciones de la ONU, que a su vez apoya a Palestina en su guerra con Israel y ésta tiene el apoyo de Estados Unidos  mientras observa con Arabia Saudita y Qatar, dos países bajo el manto del sunismo están enviando armas a la oposición. Irán apoya a al Asad y al régimen sirio, a la vez que Hezbolá, un aliado chiita en Líbano. Me niego a hablar de Turquía, por falta de ganas. Imagínense.

La marabunta de refugiados creada por la ola capitalista y fanática de mártires y dioses se plantó hace ya meses a las puertas de Europa. Bulgaria, Estonia, Polonia, la República Checa y Eslovaquia han manifestado en varias ocasiones su oposición a los refugiados, principalmente por su condición de musulmanes - han leído bien, por su religión­-.Y Hungría empezó en julio el levantamiento de un muro para detener el flujo migratorio. La senil y dubitativa Europa dialoga entre salones de té y viajes en business class qué hacer mientras algunas organizaciones humanitarias y humanas recorren las costas de Lesbos para salvar a las personas. En sus mochilas, cuatro fotos y algún jersey, en sus manos, los brazos de sus hijos. Nada más, ni nada menos. No llevan sobre sus cabezas, ni un mártir, ni una conspiración contra el mundo cristiano, ni un plan para derrocar al Tio Sam. Huyen de la guerra, la muerte y la miseria para llegar a la otra orilla; la del ghetto y la marginación­. No hay más opciones. Las imágenes de niños vencidos por el mar sobre la costa griega o dentro de una caja de cartón en un campamento de refugiados, debería asomarnos algo de culpa, de historia y de memoria. Europa podría aleccionar al mundo entero una y otra vez, sobre la inmolación provocada por una guerra; mundiales y civiles, religiosas y civiles, siempre militares, y desgraciadamente y mortalmente civiles.

Mañana nos levantaremos con una nueva lonja mercantil en Bruselas, con un nuevo remanso de victimas sobre el mar Egeo y algún atentado suicida en cualquier recodo del mundo. Gritaremos sobre el sofá, avivaremos alguna conversación durante el café en el lugar de siempre y atenderemos al noticiario con un gesto de negación y hastío. Y sin darnos cuenta llegaremos a la tarde narcotizante que nos llevará de nuevo al dormir. Y amaneceremos en ese lunes que nos llevará a la carrera, besaremos a nuestros hijos y colgaremos un bello dibujo escolar con miles de buenos deseos y buenaesperanza que da la infancia y la inocencia. Y olvidaremos por unas horas aquel graffiti en una calle de Deera ( Siria) que llevó a unos niños a la represión. Llegaremos de nuevo a unas nuevas elecciones para hacer nuestro gesto patriótico y valiente de depositar una papeleta en una urna entre el almuerzo y el resto de quehaceres del domingo tranquilo. Pasaran las semanas sin descanso y encenderemos el televisor. Un nuevo naufragio de sal humana, una nueva peregrinación de familias sin destino y suerte y una mesa encorbatada de estupidez y despotismo nos inundará las retinas. Y nos preguntaremos “¿qué podría hacer yo?¿cuántas cosas sería capaz de hacer si no fuera por mis obligaciones diarias? Y nos olvidaremos de la única cosa que nuestra sociedad posee ante la enfermiza religión, las dictaduras de países represores o las mesas de filet mignon de nuestros hombres de Estado; la urna. Ese acto de valentía que realizamos una vez cada cuatro años, para hacer lo mismo durante cuatro décadas.
Así es el ser humano. Desproporcionada categoría, para tan ingrato animal sobre el Planeta Tierra.

 

 

Primavera

Refugiados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

@ Agitadoras.com 2016